¿Tiene vigencia Basquiat?

En el caso de Jean-Michel Basquiat, la leyenda –y las amistades– terminaron por devorar al «artista serio»

Resulta sorprendente lo mucho que dio de sí una década (la única que estuvo en activo) en la vida de Jean-Michel Basquiat: mil pinturas –más unas 150 colaboraciones con Warhol, Haring, Clemente…– y 2.000 dibujos. Y eso que, pese a lo que se pueda pensar, fue un artista reflexivo, tranquilo, de ejecución lenta. Una década en la que este niño superdotado que quería dedicarse al cómic consigue vender al completo su primera exposición individual con 21 años y termina trabajando para grandes marchantes como Shafrazi, Bischofberguer o Gagosian; en la que crea una banda de música (Gray), actúa como dj, se codea con David Bowie o Madonna (fue su pareja seis meses), y protagoniza una película indie con Edo Bertoglio y hasta una portada de New York Times.

Sin embargo, para Dieter Buchhart y Álvaro Rodríguez Fominaya es la hora de reivindicarle como «artista serio». Porque otra cosa es lo que digan el mercado o la leyenda. Y de ambas cuestiones está bien surtido este creador, del que en mayo de 2015 se subastó uno de sus dibujos por doce millones de euros y del que en 2013 se «colocaba» por 44 su lienzo Dust-heads. Nada como morir joven y dejar un bonito cadáver, y más si la última línea se escribe a golpe de sobredosis y en un loft de la Gran Manzana.

 La cita acaba con muchos mitos, como el que viviera en la calle
Ahora es el momento. El título se toma prestado a dos de sus grandes referentes: el músico Charlie Parker y el político Martin Luther King. Los sones del primero y el acalorado discurso del segundo se integran a la perfección, gracias a sendos audios, a lo largo de un recorrido que pretende desmontar mitologías y atender a los grandes temas de Basquiat. Y devolvérnoslo como un pintor capital que se sitúa a la altura de aquellos otros clásicos de los que se nutrió, de Pollock a Cy Twombly, de Leonardo a Picasso.

Retorcer las palabras

Porque Basquiat fue un artista conceptual; por sus estrategias apropiacionistas y por la acumulación de referentes (la calle, el hip hop, la Historia, el jazz…). Fue también un hombre comprometido –luchó, con los pinceles y a su manera, contra el racismo y el capitalismo– y un experto con el dibujo. Y lo que es casi más destacable: un autor en el que el lenguaje cumplió un papel primordial. Y su manera de trabajar las imágenes –muy cercana al corta-pega– y de retorcer las palabras –tachándolas, cambiando letras, invirtiéndolas, eludiéndolas– hacen que su lectura sea casi natural para el usuario actual de internet y los sms. Curiosamente, el español, que le llega por su madre puertorriqueña, tendrá un gran peso en su obra.

El Primero de los mitos que cae. De ello se encargan sus dos hermanas pequeñas, Jeanine y Lisane, que gestionan su legado: Basquiat nunca fue un desarrapado. Era un chico de clase media que encontró en el ámbito urbano las referencias necesarias para saltar a las galerías. Untitled / Car Crash, obra con la que comenzamos, es la más antigua, e importante por dos motivos: porque rememora un accidente que vivió Basquiat, en cuya convalecencia cayó en sus manos un manual de anatomía que tanto determinaría su dibujo; y por ser una tela que siempre llevaba consigo (su bastidor actual es posterior).

El artista estaba dispuesto a escribir una de las páginas más brillantes de la Historia afroamericana. Y su imaginario se pobló de hombres negros a los que alabó como guerreros y santos, y de los que destacó su resistencia. Por eso prefirió los de aquellos ámbitos en los que podían competir con el blanco… y hasta superarlo: jugadores de béisbol (Hank Aaron), atletas (Jesse Owens), boxeadores (Cassius Clay)…

Boxeadores. Clemente solía decir que la corona de la firma de Basquiat tenía tres puntas, una por cada uno de sus linajes: el poeta, el músico y el boxeador. Impensable que en un país racista como el EE.UU. de los ochenta (y que ahora cuenta con un presidente…), un negro le levantara la mano a un blanco. Eran linchados por ello. Otra cosa era en un ring…

«Podía haber sido yo»

Sus autorretratos, y, un lienzo importante, que muestra la vulnerabilidad de su autor: La muerte de Michael Stewart, un grafitero amigo que murió a palos a manos de la policia en 1983. «Podría haber sido yo», mascullaba. Por eso, la mancha de la víctima en el lienzo es una silueta, en la que cualquiera puede verse reflejado.

«Las dualidades» demuestran cómo los complementarios se atraen, y desvelan estrategias –las «Trampas» de la siguiente sección, que en buena medida llegan de la re-interpretación del cómic–, como reforzar el mensaje tachando el objeto contrario (El joven Picasso), ocultando letras y cubriendo palabras, o declinándolas en combinaciones imposibles. Panel de expertos o El hombre de Nápoles son dos buenos ejemplos.

Colaboraciones; numerosas las que llevó a cabo con Warhol. Ambos se necesitaban. Basquiat para seguir ascendiendo; Warhol, para lavar su imagen. La crítica no le era ya favorable, y la relación hizo que el pupilo acabara siendo conocido como «su mascota». Una crítica devastadora a la exposición de ambos en T. Shafrazi acabó con este producto de marketing ideado por Bischof-berguer. Pero, mientras duró, fue una lucha encarnizada entre dos formas de entender la pintura, a la que Warhol vuelve gracias a Basquiat, y en la que Basquiat ataca el juguete roto del capitalismo en el que se había convertido el primero. El sampling y el scratching se trasladan a su pintura, donde la conexión con la tradición llega a través de Beethoven y su Heroica o Leonardo da Vinci. También la tele deja su impronta.

Y aquí se trunca una carrera que no sabemos dónde nos habría llevado. Basquiat tendría ahora 54 años. ¿Sería el artista que es sin la leyenda? ¿Lo habría colocado la realidad en su sitio, como ha ocurrido con otros miembros de su generación? ¿Habría sufrido la crisis de la pintura? ¿Estaría realizando arte en la web o denunciando los sucesos de Baltimore? De momento, esta expo lo reivindica como «el artista que usaba la palabra como si fueran pinceladas». Y, a nosotros, nos deja sin ellas.

Publicado originalmente en abc.es

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