La cara verde o de los extraños hábitos a la hora de escribir

“Al  escribir, me gusta caminar de un lado a otro de la habitación. Por lo general, ni siquiera me doy cuenta de que lo estoy haciendo hasta que choco con un objeto inanimado o un desafortunado transeúnte.  Al parecer estoy en buena compañía: Charles Dickens, William Wordsworth y Virginia Woolf paseaban al escribir, mientras que Philip Roth ha dicho que camina “media milla por cada página”.

Si bien todos tenemos nuestros pequeños caprichos, algunos son definitivamente más extraños que otros. Desde el que pinta su cara verde hasta el que siempre escribió borracho, aquí están cinco de los hábitos de escritura más peculiares:

T. S. Eliot

El gran poeta de The Waste Land se pintaba la cara de verde para escribir, en lo que parece ser el gesto más sorprendente, una especie de drag poético. Al parecer Eliot hacía esto para “no parecer  un empleado de banco” y tomar el aire distinguido y extravagante de un poeta, siguiendo tal vez la imagen del dandi de Baudelaire. Pintar su cara de verde con un polvo también podría ser una forma de tomar una personalidad dramática.

Edgar Allan Poe 

Poe, famoso por sus minuciosos cuentos detectivescos, escribía en pequeñas y angostas tiras que pegaba con cera, creando una especie de enorme pergamino. La escritura de Poe reflejaba una letra manuscrita obsesiva, literalmente minimalista. Al parecer, hacía esto para crear un efecto de continuidad en las hojas que de otra forma era difícil obtener.

F. Scott Fitzgerald

Fitzgerald vivió como nadie el sueño de bonanza de la era del jazz y los “roaring 20″, el exceso y el glamour. Muchos escritores escribían borrachos, pero Fitzgerald tenía la particularidad de hacerlo siempre con champagne. La frase: “Cualquier cosa en exceso es mala, pero demasiada champange es justamente buena”, se atribuye a Fitzgerald.

Ernest Hemingway

Aunque popularmente se asocia a Hemingway con el alcohol e incluso tenía a Fitzgerald como su compañero de juerga, al parecer Hemingway escribía sobrio. Sobrio, de pie (sin riesgo de caer) y con una vestimenta ritual de mocasines y una piel de antílope. La postura corporal, según The Guardian, debido a una lesión de guerra en la pierna. Tal vez Hemingway intuía que la vida sedentaria era terrible para la espalda. Otros escritores como Lewis Carroll y Thomas Wolfe también implementaron esta medida.

George Bernard Shaw

El escritor George Bernard Shaw construyó un cobertizo montado sobre un mecanismo giratorio que le permitía escribir siguiendo el curso del Sol todo el día, en una estupenda práctica heliográfica. Su cabaña también tenía el propósito de aislarse de la civilización, algo que compartía con muchos escritores. “La gente me molesta”, escribió Shaw, “vengo aquí a esconderme de ellos”. En este cobertizo Shaw escribió algunas de sus obras maestras, como Pigmalión”. 

Artículo original dando click aquí.

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