La historia de Jan Saudek: Boudeville, erotismo y color

Jan Saudek es sin duda uno de los fotógrafos más impresionantes e influyentes de la historia de la fotografía. Nacido en Praga, la entonces Checoslovaquia, el 13 de mayo de 1935, recibe su primera cámara en 1950, una Kodak Baby Brownie, sobre la que el propio Saudek dice: “lo único que se puede hacer con esta cámara es cargar la película, apretar el botón y hacer la foto; y eso es exactamente lo que he hecho hasta 1963”. Estudia en la Escuela de Fotografía Industrial de Praga entre 1950 y 1952 y seguidamente ejercerá numerosos oficios, tanto en el campo como en un gran número de fábricas.

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La obra de Saudek está profundamente marcada por dos elementos: por una parte su infancia, cuando, internado con su hermano mellizo en un campo de concentración logró escapar por un golpe de suerte de los experimentos de Josef Mengele, y por otra, cuando cae en sus manos el catálogo de la exposición “The family of man” del fotógrafo americanoEdward Steichen que el valoró como una expresión de una profunda necesidad de armonía familiar, y le abrió la perspectiva de expresarse a través de la fotografía. Es entonces cuando decide dedicarse a ella, afirmando que con su trabajo lo que intenta es “capturar todas las cosas que conozco y amo, pero sobre todo me gustaría dejar una huella del tiempo en que he vivido”. El libro de Steichen le motiva a exponer, por primera vez, en Praga.

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En 1951 colorea una foto, que su madre enseña al médico de la familia. Ésta asevera que es absolutamente mala, kitsch y que su estilo está pasado de moda, lo que desanima a Saudek a continuar con la fotografía por un tiempo. Paradójicamente, serán estas fotografías en blanco y negro coloreadas manualmente las que caracterizan y hacen, hoy en día, internacionalmente reconocible su trabajo. En 1959 su esposa de entonces, Marie, le regala una cámara Flexaret 6 x 6. En 1969 viaja a Estados Unidos, donde Hugh Edwards le anima a continuar con su labor artística. En la Universidad Bloomington de Indiana expone por primera vez en solitario.

 

La mirada de Saudek es compleja, oscura, perturbadora en todos sus aspectos. Sexo, deseo, muerte, inocencia, lujuria, ironía, belleza, envejecimiento, se mezclan y compiten en su obsesiva figuración de realidades filtradas de emociones. Introducirse en las imágenes de Saudek resulta una experiencia inquietante, un ir y venir entre la atracción y la repulsión, entre la conciliación y la confrontación. Sus fotografías evocan verdades que se evaden cotidianamente, desde sus más amargas perspectivas, o desde la más intestina nostalgia. La vulnerable sensualidad de sus cuerpos es al mismo tiempo grotesca crueldad y enajenación. Imágenes de la alegría y la esperanza en constante conflicto con las de la tragedia y la desesperación, en ocasiones dentro de una misma obra.

Por Revista Bonaria.

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