El futuro distópico: La nueva vanguardia literaria

Por: Ignacio Garnica

@_nachodeloyola

En el pleno clímax de la ilustración, momento en el cual todo aspecto de la realidad debía necesariamente ser reducido a lo –en palabras del devoto agente Fox Mulder– “programable, categorizable, o fácilmente referenciable”, un grupo de movimentarios rebeldes se alzó con una proclama simple: “queremos creer”. Creencia que abarcaba desde las hadas, ninfas y duendes de los cuentos de Jacob y Wilhem Grimm, hasta las promisorias consignas de igualdad social en Les misérables de Víctor Hugo. A este grupo de testarudos irreverentes, de rebeldes gnósticos que osaron enfrentarse a los postulados kantianos y hegelianos sin más armas que la magia y el ideal, se les llamó “los románticos”.

Con esto quiero establecer que el romanticismo, más allá de un movimiento artístico o literario, fue una forma de ver la vida. El arte, la música, la literatura, expuestas a través de la visión romántica, entraron de forma tan profunda en la estética de las personas de la época, que trastocaron su forma de ver el mundo, siendo éste un logro que hasta ese momento ninguna vanguardia literaria había logrado de forma tan contundente, tal vez con excepción de los textos sagrados, aún cuando éstos no fueron estrictamente causa del cambio en las mentalidades medievales o clásicas, sino más bien consecuencia: eran, más que un texto literario, un contrato.

Con la sacudida estética y filosófica que significó el romanticismo, era de esperarse que un auge de vanguardias azotara el panorama artístico en estrecha relación con los momentos históricos en los que se dieron. Y es que si hemos de definir cuál es la motivación de una vanguardia, veremos que en su mayoría no apelaban a una descripción símil de la realidad, sino más bien a las carencias de dicha realidad. En el caso del romanticismo, la sociedad ilustrada carecía de magia y hechicería, carecía de heroísmo, de épicas cruzadas en nombre del amor, y esto pudieron hallarlo en los textos románticos. Podríamos analizar bajo este mismo criterio al realismo y al surrealismo, al dadaísmo y al nadaísmo, y probablemente encontraríamos sociedades necesitadas de lo que estas vanguardias ofrecieron en su momento.

Ahora veamos la sociedad actual: al plantear este ejercicio, pululan conceptos tales como “tecnocracia”, “neoliberalismo”, “capitalismo salvaje”, entre otros. Pero si hemos de ser sensatos, esta conceptualización describe –grosso modo– la sociedad occidental contemporánea. De alguna manera se desdibujó la línea entre los entornos reales y los virtuales, y a través de los medios tecnológicos y con toda la información a su alcance, la generación actual redujo sus posibilidades sociales y estéticas a lo “programable, categorizable, o fácilmente referenciable”; aunque ya no asumiendo la razón como único eje de lo real, sino en un vertiginoso e insulso afán de tecnificar la vida misma, o mejor, de ofrecerle “servicio técnico”.

Así las cosas, no es difícil descubrir la motivación del movimiento literario que captura la atención de la generación actual: No un mundo fuera de esta realidad; más bien un mundo posterior a esta realidad. Un futuro post colapso social que muestra la civilización occidental como un recuerdo difuso de ancianos, en donde los adolescentes son protagonistas, vagan o luchan por la supervivencia en microsociedades dictatoriales en algunos casos, o se enfrentan a problemas un poco más domésticos al interior de una institución diseñada sólo para personajes con sus “particularidades” –que suelen ser bien excéntricas–, en otros. Un universo posible que halla su origen e inspiración en el temor de una sociedad deshumanizada y mecanizada expuesto por Ray Bradbury con Fahrenhait 451, Aldous Huxley con Un mundo feliz, y por supuesto, George Orwell con 1984, entre algunos otros temerarios.

Los futuros distópicos se la juegan toda: al caer el sistema social, toda teoría de conspiración quedó al descubierto. Zombies, licántropos, vampiros, hechiceros, ángeles y hasta reptilianos son plausibles en estos universos literarios, aunque no por eso se alejan del todo de la realidad. Toman muy en cuenta el desgaste ecológico al que sometemos el planeta, y qué mejor escenario que un árido e inhóspito potrero para acoger una batalla entre clanes, o entre especies, o entre clanes de especies. Las profecías vuelven al escenario con fuerzas renovadas: “el séptimo hijo del séptimo hijo” y “el elegido” son conceptos indispensables a la hora de una saga de futuros distópicos, así como la heráldica, las cacerías de brujas medievales con toque futurista, en fin, el paquete completo.

Otra característica que es importante destacar, es que la mayoría de estas sagas (saga, ya que un solo volumen, por sí mismo, no es admisible) apuntan a ser rodadas en algún momento, o juegan con esta posibilidad. Su naturaleza no es estrictamente literaria, sino que se cuidan de que todos los sucesos, personajes, lugares, etc., tengan atractivo comercial y puedan ser representados con exactitud quirúrgica en la gran pantalla. Los juegos del Hambre, Alma de Fuego, Hush-Hush, Cazadores de Sombras, El Corredor del Laberinto, Divergente, entre muchas otras, ya pasan de la literatura al cine. Y esto es sólo el comienzo.

La vanguardia del futuro distópico refleja el miedo de la generación actual al colapso de la sociedad; muestra cómo de algún modo somos conscientes de nuestra dependencia de la tecnología y el impacto ambiental que ésta produce. Más allá del afán de marketing y la saturación del mercado, hay una perspectiva sobre nuestra realidad actual que tal vez no hemos querido reconocer, y es que ésta, como todas las civilizaciones a través de la historia, es susceptible de caer, y probablemente caerá. Marida exquisitamente con las modas “retro”, “tecno”, “eco” y otros prefijos que dan visos acerca del acervo ideológico que hoy se impone. Es una vanguardia que no le teme a nada, pensada perfectamente para este tiempo y espacio, que no toma prestado sino que adopta y adapta aspectos presentes en toda la literatura universal, y muy a pesar de los puristas, puede llegar a ser –o ya es– uno de los movimientos literarios más importantes del siglo XXI.

Anuncios

2 comentarios en “El futuro distópico: La nueva vanguardia literaria

Comenta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s