Jeff Koons: Ballerina o la danza de los millones

El artista originario de pensilvania presentó Ballerina, obra de más de dos metros que podrá ser vista en la explanada del MALBA hasta el próximo 7 de septiembre.

De corredor en Wall street a artista consumado; la historia de Jeff Koons es de esas que bien pueden representar el arquetípico ideal del American dream, y es eso tal vez, lo que ha marcado su obra en los últimos 30 años. Una constante conexión a la producción en masa, a la voluntad de compra y la volatilidad del consumo. 

Estudiante de pintura en el Instituto de Arte de Chicago y en el Colegio de Arte de Maryland consigue su título en 1976. Ese mismo año se traslada a Nueva York, donde comienza su producción creativa financiada alternamente por su trabajo en la bolsa. Como vendedor de asociaciones del MOMA consigue hacerse de habilidades (y contactos) que ayudarán a impulsar su carrera en el futuro (es el primer artista en utilizar abiertamente un relacionista público).

Es difícil determinar donde comienza la obra y termina el artista. Koons parece haber trasladado algunos de los valores y precios del mercado accionario al ámbito artístico. El uso recurrente de objetos cotidianos, baratos e intrascendentes  y su exaltación suntuaria como obra recuerdan al halo dorado del Pop Art. Inflatables de 1977; una mezcla de objetos (en su mayoría flores) de vinilo sería evidencia de su temprano gusto por el Kitsch y sus pastiches. Readymades posteriores como Pre new y The New a finales de los 70’s serian solo el camino hacia una producción de mayor envergadura, en tamaño y número.

Ballerina, expuesta actualmente en el MALBA, inspirada en una bailarina de porcelana, refleja la premisa del objeto decorativo vacuo hecho obra de arte; la producción artesanal y común es exaltada en  magnitud y celebrada en un museo, la autoridad de quien escoge y legitima al objeto, además del impecable tratamiento de los materiales condiciona la admiración del espectador. Es casi posible imaginar al artista celebrando su hazaña; convertir en valor cultural y adquisición preciada a la representación perversa de un arte consumado.

¿La ballerina se convierte acaso en una reivindicación de la danza clásica puesta a disposición de la masa? ¿Es una crítica a la producción, al consumo? ¿o es por el contrario una muestra in excelso de cinismo contemporáneo?

No es gratuita la asociación, Koons ha sido catalogado como ‘el artista vivo más caro’; Hanging Heart se vendió en 2007 por la no despreciable suma de 15 millones de euros y Balloon Flower (Magenta) alcanzaría los 16,3 millones en 2008.

Pero, independientemente de sus concesiones, Ballerina es un acto necesario; para la vista, para la vida, para el baile, para la ciudad, para los espectadores que se reflejan en ella.

Por Andrés Aldana 


Detalle de Ballerina – Portada por On Comunicación Visual

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