La naturalización del género

El techo de cristal

En las universidades españolas el 54,3% del alumnado son mujeres, cifra que se eleva a un 57,6% en el caso de los titulados. Estos números son señal irrefutable de éxito 144 años después de que la primera alumna se matriculara en una universidad española[1]. Sin embargo, María Bustelo Ruesta, Delegada del Rector para la Igualdad de Género de la Universidad Complutense de Madrid, nos recordaba en el marco del Simposio Internacional sobre la Igualdad en la Educación y la Comunicación – que se celebró el 20, 21 y 22 de abril en la UCM – que la fantasía se termina aquí. En las universidades españolas solamente hay un 21% de catedráticas. Bustelo Ruesta afirma que todavía hoy existe un techo de cristal que se evidencia en las jerarquías universitarias. Lamentablemente, esta desigualdad no solo se limita a este sector; según el informe de Women in Business de 2016, apenas uno de cada cuatro puestos directivos en España es ocupado por mujeres. Soledad García Garrido de la UCM, tampoco muestra un panorama alentador en la profesión periodística, donde las mujeres han sido las más castigadas en tiempos de crisis.

Apenas uno de cada cuatro puestos directivos en España es ocupado por mujeres.

El papel de los medios

La desigualdad de género continúa existiendo y parte de la responsabilidad de la perpetuación de este modelo se da en los medios de comunicación. Inés de Francisco Heredero de la Universidad de Valladolid, resalta el papel fundamental como agentes socializadores de los medios de comunicación hoy en día. Existe una representación desigual y estereotipada de mujeres y hombres en la publicidad. Esta desigualdad está vinculada con la reproducción de la desigualdad de género en sociedades formalmente igualitarias. De nuevo, de Francisco Heredero recuerda la existencia del techo de cristal y alerta de la importancia de la violencia simbólica existente en los medios de comunicación. Cabe destacar que en 2014 aumentó un 15,4% la violencia machista en menores de 18 años; sin embargo, es pronto para saber si se trata de una tendencia o de un año anómalo.

Los chicos consideran que el sexismo es problema de ellas.

Pablo Vidal Vanaclocha de la Universidad del País Vasco está realizando un estudio sobre la influencia de la publicidad sexista en la adolescencia; en concreto sobre alumnado de 4º de la ESO. En primer lugar hay que tener claro que la publicidad es un agente socializante y alienante. En este contexto, la narratividad publicitaria se alimenta de la pseudo-realidad, inculcando estilos de vida, valores y estereotipos, fomentando, así, arquetipos y estableciendo axiomas del tipo: consumo = placer. La mujer será, entonces, utilizada en sus objetivos estratégicos. Vidal Vanaclocha resalta que la mujer aparece en un 90% de la publicidad. En su análisis tomando 900 anuncios de 2006 a 2016 analiza tres niveles de sexismo: de baja intensidad, maltratador y agresor. El primero es ventajista para los hombres, irreal, tradicionalista, nostálgico. El segundo es machista y misógino, despreciativo y ofensivo, separador y frentista. El tercero ya no se puede encontrar en la Unión Europea, debido a la legislación.

Cuando la publicidad se genera con un código estético afín a la gente joven la violación, la violencia y el sexismo no son percibidos como tal.

Vidal Vanaclocha recuerda que solo el 8% de las mujeres son amas de casa y, como vimos, son mayoría en carreras universitarias. Sin embargo, en publicidad se representan en trabajos de poca responsabilidad o remuneración, o cuyo valor es depositado en su cuerpo. El estudio alerta que la sexualización de la mujer se está moviendo de “la mujer explosiva de los años 90” a “mujeres cada vez más jóvenes y de aspecto infantil”. Por otra parte, la mayoría de los adolescentes piensa que la publicidad representa la realidad y tienen una visión del amor romántico como algo intocable. Las conclusiones a las que están llegando con este estudio es que la grandes mayorías de alumnos están a favor del sexismo de baja intensidad. Cuando la publicidad se genera con un código estético afín a la gente joven la violación, la violencia y el sexismo no son percibidos como tal. Además, los chicos consideran que el sexismo es problema de ellas.

Esta lógica será la misma detectada por Asunción Bernárdez Rodal y Marta Serrano Fuertes de la UCM que, tras realizar varios estudios, determinan que hay un sesgo de género en los informativos, donde los temas vinculados con la desigualdad de género son banalizados o se tratan de forma anecdótica.

La desigualdad en América Latina

El panorama no mejora en nuestros vecinos latinoamericanos. Elsy Yaneth Silva Soto de la Universidad Nacional Autónoma de México destaca que en 2010, 9 de cada 10 del personal dedicado a las labores domésticas y cuidado de la familia son mujeres. México es el segundo país con mayor proporción de mujeres jóvenes que ni trabajan ni estudian (solo superado por Turquía, 49,9%). Las mujeres tienen menos posibilidades de conseguir un trabajo remunerado y sufren acoso sexual en el ámbito laboral. Paulina Salinas Meruane de la Universidad Católica del Norte de Chile afirma que en su país el promedio de las mujeres en el mercado laboral está por debajo de las cifras de los países de la OCDE (43%). A pesar de ello, la mujer está empezando a visualizarse en el mundo laboral, sin embargo esto no se debe a la búsqueda de igualdad de género, sino a otros factores de necesidad; ya que se prevé que para 2035 va a haber un déficit de personas en posibilidad laboral debido a la baja tasa de natalidad del país; además, la mano de obra extranjera es cara, por lo que, como sucedió en las guerras mundiales, esta falta de trabajadores es suplida incorporando a las mujeres al mundo laboral.

Esta segregación horizontal se basa también en la concepción de género que tenemos desde pequeños donde las mujeres valemos más para algunas cosas y los hombres para otras.

Chile exporta el 30% de cobre a nivel mundial y representa un 15% del PIB. Esto se traduce a que la minería es un sector fundamental en el país. Sin embargo, a pesar de que haya casi la misma cantidad de mujeres de que de hombres en la educación superior, en el caso de estudios vinculados con la minería, el 76% son hombres. El estudio que ha realizado da cuentas de la tendencia a la disociación de las carreras con las necesidades del mercado laboral. Esta segregación horizontal se basa también en la concepción de género que tenemos desde pequeños donde las mujeres valemos más para algunas cosas y los hombres para otras. Estos estereotipos y visión de género generan una autodiscriminación de las mujeres que omiten las “carreras de hombres” en sus elecciones estudiantiles. A esto se suma un miedo por ser discriminadas o no conseguir trabajo en un sector tan masculino.

La importancia de la coeducación audiovisual

Frente a esto, tanto Jorge Belmonte Arocha de la Universidad de Valencia, como Lucía Triviño Cabrera de la Universidad de Málaga apuestan por una coeducación audiovisual para dar un enfoque de género de la educación y la cultura audiovisual. Los jóvenes necesitan herramientas para poder realizar un análisis crítico de los medios y discernir el sexismo que existe en ellos. Muchos docentes se encuentran con la dificultad de hablar de feminismo al alumnado, que a menudo reacciona de forma negativa cuando se tratan estos tipos de temas que perciben como una amenaza o como algo totalmente ajeno. Triviño Cabrera propone la actualización docente y la sustitución de las lecturas feministas por análisis de videoclips para tratar de interesar a los jóvenes en los problemas de género.

Muchos docentes se encuentran con la dificultad de hablar de feminismo al alumnado, que a menudo reacciona de forma negativa cuando se tratan estos tipos de temas que perciben como una amenaza o como algo totalmente ajeno.

 Si el problema fuera racial…

Como última reflexión – acotada por Pablo Vidal Vanaclocha – diremos que si el problema fuera étnico nos daríamos cuenta enseguida de la discriminación que sigue vigente, sin embargo, con las mujeres esto no ocurre. La desigualdad de género está naturalizada y, por ende, no la vemos. Es necesario una educación cívica y una regulación del contenido en los medios para poder identificar y erradicar la discriminación que sufren las personas, sea cual sea su color, su sexo o su condición sexual.


[1] María Elena Maseras Ribera se matriculó en 1872 en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona.

Por Clara Roca
(España)
Publicación original

Imagen por On Comunicación Visual.

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