Erik Satie para dejarlo ahí

El 17 de mayo de 1866 nacía uno de los compositores más atípicos e influyentes de la historia musical. Pasados “150 años y un día”, el Teatro Colón decidió homenajearlo. Pero, por esas paradojas de las gestiones culturales, la fecha del cumpleaños ya estaba ocupada con el estreno de Fidelio, la única ópera del compositor alemán representativo del estilo que Satie -con Debussy y Ravel, entre otros- ayudó a resquebrajar: Ludwig van Beethoven.

Uno de los cuatro ascensores acompaña con la novena sinfonía. Se puede permitir hasta Eric Clapton y algo amable de los Rolling Stones. El pasajero ocasional tararea mientras se da unos retoques en el espejo. La puerta se abre, la vida sigue, la música para. Pero si uno llega en el momento preciso puede bajar o subir los veinticuatro pisos escuchando una o dos obras completas de Erik Satie. Cómo llegaron a convivir en el mismo cubículo la música de Satie y la de Beethoven es un misterio profundo, aún irresoluto (que se sigue llamando capitalismo, con M de Muzak). Cabría pensar por qué otros insondables motivos coincidieron en la programación del Teatro Colón, que hoy martes (cumpleaños de Satie) estrena Fidelio, la única ópera de Beethoven, y mañana miércoles El bello excéntrico, un concierto homenaje por el nacimiento del compositor francés.

Ascensores y misterios a un lado, no es difícil escuchar ocasionalmente a Satie. Está en el principio de toda la música contemporánea. Está consagrado por la musicología. Está al lado de Debussy. En aviones, películas y videojuegos, en todos lados. Pero está, debido a la extrapolación de sus propios comentarios, siempre en el fondo: “Tenemos que hacer una música que sea como un mueble, una música que sea parte de los ruidos del entorno, que los tome en consideración”. Música de mobiliario, dirá. “Llenaría esos pesados silencios que algunas veces caen sobre amigos que cenan juntos. Les ahorraría el problema de prestar atención a sus propias observaciones banales”. Puede sonar contradictorio: la misma música que llena los silencios es la que invita a ser escuchada y a dejar en automático una conversación.

El lugar común del mundo académico embiste contra el streaming musical de la vida contemporánea que hace “oír todo sin escuchar nada”. En la cocina, en la ducha y en el colectivo. Pero la proximidad entre “música de fondo” y “música de mobiliario”, no debe confundirlas: las composiciones de Satie no están ahí para tapar lo que no se quiere escuchar, para acompañar los momentos incómodos o revivir los tiempos muertos. La música de Satie está ahí para atraer la atención hacia el fondo: escuchar la caída de las notas, una a una, una y otra vez, llegar y retorcerse y volver a empezar; organizar un tiempo detenido de notas iguales y limpias que llegan y se van. Hay algo de irrelevancia en la escucha de ese fondo, pero también de genuina simplicidad.

Que la vida siga, con sus ruidos y sus conversaciones, pero acompañada por una musiquita que desde el rincón mantenga el presupuesto base: la igualdad elemental de todas las cosas. Puede ser innecesario. Puede ser incómodo. A Satie le tocó vivir en la incomprensión y la dureza de su tiempo. Varias generaciones más tarde John Cage tuvo que salir en su defensa: “Para interesarse en Satie hay que empezar por permanecer desinteresado, aceptar que un sonido es un sonido y que un hombre es un hombre, renunciar a las ilusiones que se tienen sobre las ideas y el orden, la expresión de los sentimientos y toda esa parafernalia estética que se ha heredado. No se trata de saber si Satie es válido o no, él es indispensable”.

Es cierto que no toda composición de Satie funciona como amoblamiento, pero esa discusión tiene lugar en otras líneas. En el ascensor esa musiquita sigue haciendo de las suyas (los caminos del descubrimiento son insondables). En internet, el streaming también sigue haciendo las suyas y, a dos clics de distancia, invita a recordar con Satie el fondo del asunto:

Para lo que sea. Aunque más no sea para dejarlo ahí.

La cita es en el Teatro Colón el próximo miércoles 18 a las 20 hs: Ver evento.

Por Ignacio Zenteno
(Argentina)

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