Hullabalooza o Lollapalooza

De early birds a inocentes palomillas pasaron en cuestión de segundos y ante los ojos atónitos de muchos de nosotros, los compradores de la primera etapa de entradas de la gira internacional de festivales de música Lollapalooza a realizarse por primera vez en la ciudad de Bogotá el próximo mes de septiembre en el Parque Metropolitano Simón Bolívar.

Basados en los carteles de Berlín y Chicago, su lugar de origen y sin haber sido anunciado el cartel de artistas que formarían parte del line up en esta versión, miles de personas se adelantaron a comprar una entrada para asegurar su cupo en lo que esperaban fuese el mejor festival de música alternativa de la historia del país.

La mañana del miércoles 15 de junio a través de una rueda de prensa abierta al público en Armando Records, se anunciaban los artistas que nos visitarían durante el fin de semana del 16 y 17 de septiembre y lo que hasta ese momento se enmarcaba como una mesiánica oportunidad para contemplar presentaciones musicales jamás vistas en esta humilde tierra se convirtió en un mustio sinsabor.

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Son varios los puntos por los cuales cientos de arrepentidos compradores, inclementes opinadores o personas envueltas en el mundo de la música y los eventos, consideraron al cartel, podría decirse, ‘decepcionante’. Uno de ellos es la relación precio/artistas; otro, la variedad de géneros musicales y finalmente (no necesariamente en último) la “clase” de público que potencialmente podría asistir al festival.

Mi intención no es ahondar en ninguno de estos puntos, ni mucho menos compartir mi opinión sobre el cartel. Por el contrario, considero más pertinente intentar objetivar la coyuntura dentro de la cual se está generando una cacería de brujas innecesaria a cuenta de un periodo artístico que busca hacer algo completamente opuesto. La música popular, que en su amplia difusión desde mediados del siglo XX, ha tenido como más claro objetivo, promover la libertad y la hermandad entre los seres humanos.

La discusión que se ha generado a raíz de la publicación oficial del cartel, resulta extrañamente para algunos, en  un supuesto detrimento de los eventos de esta índole en el país. Si bien no a todas las personas debe gustarles el mismo tipo de música o sentir afinidad por el mismo artista en particular, los festivales masivos fueron diseñados como espacios para promover el diálogo, y al mismo tiempo ofrecer la oportunidad a nuevas tendencias, todo esto mientras se explora individualmente lo que podemos disfrutar, por la razón que sea, sin necesidad de explicaciones.

Al ver el cartel, se puede evidenciar un listado de artistas que representan diferentes estilos musicales que van desde el indie rock, el folk, el hip hop/rap, el R&B y el indie pop, pasando por varias corrientes de la música electrónica, hasta llegar a tendencias más sofisticadas como el jazz. Sin embargo, esto parece ser para algunos un paraíso hipster y para otros la manifestación de la decadencia de la música rock en su esencia más guitarrera. Lo curioso de esto es que, sin saberlo, estamos ignorando una gran cantidad de los actos con más relevancia musical en lo que va del año y a otras aclamadas revelaciones de los últimos tiempos, por centrarnos en la reducida y repetida cuota nacional, en la apatía y el rechazo por el EDM, y en especular sobre un headliner que aún no ha sido confirmado o se ha conservado como sorpresa por razones de marketing que desconozco y que tampoco vienen al caso.

Nos hemos convertido en una nueva y sublevada población de expertos y mordaces curadores musicales en todos los géneros (al parecer) y desafiamos vehementemente no sólo a los organizadores por la alineación artística del festival, sino al público dispuesto a invertir dinero en tickets para poder asistir, como si todos debiésemos justificar nuestros motivos. Estamos tan envalentonados con nuestra propia imagen y nuestro magnificente criterio sobre qué y qué no es buena música que hemos sesgado nuestro parecer y lo hemos dirigido a otros campos que le rodean, olvidándonos por completo de que es en realidad la música, su desenvolvimiento y sus intereses.

La música es una invitación en sí misma, un campo abierto donde todos somos bienvenidos y podemos compartir y descubrir cosas maravillosas  siempre a través de un flujo natural y eufórico de ideas que se nutren mutua y simultáneamente para propiciar armonía y tranquilidad.

Si usted compró o no entradas para asistir, si asistirá a este o a cualquier otro evento musical masivo lo dejo a su parecer, pero es tiempo de darnos la oportunidad de experimentar y de vivir nuevas experiencias, y sobretodo, de respetar las que no compartimos. La decepción no se constituye en el cartel, es sólo la actitud que tomemos frente al mismo.

También puedes escuchar el playlist oficial de Lollapaloza Colombia y sacar tus propias conclusiones.

Por: Alejandro González Castillo
(Colombia)

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