Tras las máscaras del Zorro

“Then from out of the night a hero must rise, with courage that even a mask won’t disguise. They turn to… the man called Zorro”.

Jay Asher. Tema de la serie “El Zorro”, 1990.

Una de las manifestaciones literarias más interesantes producidas entre los siglos XVIII y XX, es sin duda, la novela de capa y espada. Tuvo una enorme acogida en el público europeo y americano gracias a las magistrales obras de Alejandro Dumas, y más concretamente al arquetipo heroico que performa D’Artagnan en “Los 3 Mosqueteros”. La novela de capa y espada se constituye como un subgénero de la novela histórica, es algo subvalorada por su carácter popular, y refiere a ciertos personajes reales para dotar de verosimilitud al relato, aunque en medio de la trama los hechos no hayan acaecido en la realidad. Se requiere, sin embargo, que los personajes actúen de manera coherente a cómo fueron sus acciones registradas en la historia, para preservar dicha verosimilitud.

Johnston McCulley, reportero policial y escritor a sueldo, publica en 1919 en la revista All Story Weekly el primer número de La Maldición de Capistrano, relato donde originalmente aparece El Zorro. Acogido de gran forma por el público, este relato de capa y espada fue reeditado bajo el nombre de La Marca del Zorro, y traducido a 26 idiomas.

El Zorro es en realidad don Diego De la Vega, hijo de don Alejandro De la Vega, un importante aristócrata de California a principios del siglo XIX. Don Alejandro instruye a su hijo en las artes del esgrima (Matthew Baugh propone que Alejandro De la Vega es descendiente directo de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador). Los De la Vega notan como el gobierno colonial oprime a los pobladores nativos, mestizos e indígenas, y es esta la motivación de Diego para utilizar la máscara y convertirse en el Zorro, un héroe cuyas acciones le pertenecen al pueblo raso. No asombra que el antagonismo en el relato sea encarnado por otras figuras de élite como el alcalde y el capitán del ejército. El Zorro es ese héroe de masas que recuerda a Robin Hood, una evocación que va a ser de suma importancia más adelante.

Pasemos ahora de la novela histórica, a la historia propiamente dicha. A causa de la denominada fiebre del oro, una gran cantidad de latinoamericanos comienza a desplazarse a hacia California, en plena mitad del siglo XIX. Por supuesto, aquellos que lograban ubicarse laboralmente eran sometidos a explotaciones inhumanas y otros tantos vejámenes, además de ser perseguidos a causa de su origen latino. Como agravante, 1848 es el año en que California pasa a ser parte de los Estados Unidos, por lo tanto el territorio ostenta una gran presencia de mexicanos. Conflictos económicos, sociales, raciales y políticos surgen alrededor de una tierra de la que se dice es, literalmente, una mina de oro. Es en este ambiente hostil donde se levanta la leyenda del bandido Joaquín Murrieta, un rebelde mexicano (posiblemente, ya que existen ciertos sectores que proclaman su nacimiento en Chile, y dicho suceso es respaldado por productos musicales como corridos, y literarios como poemas de la pluma de Pablo Neruda y algunas novelas de Isabel Allende). El hermano de Joaquín es asesinado por robarse una mula, también su esposa es masacrada, y él mismo es golpeado cruelmente, lo que le motiva a dejar el trabajo minero y convertirse en una suerte de “vengador” del pueblo, robando a los ricos para dar a los pobres. En el marco de estas acciones adquirirá el apodo mítico de El Robin Hood de El Dorado, conformará una banda a la que se llamará los Joaquines, y será abatido por un policía ranger texano llamado Harry Love, quien entregará la cabeza de Murrieta en un frasco como prueba. Ciertos relatos refieren a que la cabeza de Murrieta fue exhibida como escarmiento y se perdió definitivamente durante el terremoto de San Francisco en 1906.

Esta es una de las influencias más importantes del relato de McCulley. Toma una parte del mito de Murrieta, un personaje real, para la imagen del Zorro: su afán de retribución a las clases menos favorecidas. Diego De la Vega está muy lejos de Joaquín Murrieta, pero el Zorro no; el Zorro representa fielmente los ideales de liberación, de emancipación popular que representó también Joaquín Murrieta.

Sir Percy Blakeney, aristócrata británico célebre por su amaneramiento y su obsesión con el buen vestir, y quien es en secreto Pimpinela Escarlata en la novela de Emma de Orczy, es la otra cara de la moneda, y la otra influencia definitiva en la construcción del Zorro. Este hombre es un héroe, pero sus “áreas de trabajo” se enmarcan en un círculo social muy diferente al del Zorro. Son de hecho las mismas personas que frecuenta Sir Percy, quienes son socorridos por Pimpinela Escarlata cuando se encuentran en dificultades. Sir Percy, al igual que Diego De la Vega, pertenece a un círculo social muy alto; son singulares personajes cuya riqueza no impide que se sientan con la responsabilidad de ayudar a los indefensos, y de poner todos sus recursos al servicio de su heroísmo. De esta amalgama entre la aristocracia y el proletariado, entre el refinamiento y el heroísmo, entre la literatura y la historia, nace el Zorro.

Hemos establecido que, si bien Joaquín Murrieta representa una influencia definitiva en la construcción del Zorro, él no es el Zorro. El primer Zorro –ya que el atuendo va a heredarse por generaciones, conformando una dinastía de Zorros– es, ya lo dijimos, Diego De la Vega, un personaje ficticio que viste la máscara por primera vez en 1806, a sus 24 años. Una conciliación interesante es la que se presenta en La Máscara del Zorro, un filme de 1998, dirigida por Martin Campbell.

La Máscara del Zorro se desarrolla en la primera mitad del siglo XIX: California todavía hace parte de México y Diego De la Vega es un hombre entrando a la madurez, quien aún realiza actuaciones como el Zorro. Con su esposa Esperanza tiene una hija recién nacida llamada Elena y es, a través del Zorro, enemigo declarado del regente Rafael Montero, quien al final descubre su identidad. Durante el arresto Esperanza es asesinada por un soldado, Diego es encerrado y Elena es criada por Montero de vuelta en España. Dos décadas después, Montero regresa a California con Elena –quien es inocente de sus orígenes–, con el fin de tomar el control de dichas tierras y hacerse con el oro. Entra en escena la banda conformada por Joaquín Murrieta, su hermano Alejandro y un singular bandido llamado Three fingered Jack, basado en un personaje real apodado Juan Tres Dedos, quien hacía parte de los Joaquines. La película transforma el evento de la decapitación de Murrieta en una última gesta heroica, y antes de que el capitán Love lance el tajo fatal, Joaquín se da un tiro en el corazón con el arcabuz. Diego De la Vega escapa de la cárcel y se ofrece a entrenar a Alejandro para que sea el nuevo Zorro y así busque venganza. Luego de las usuales complicaciones de la narrativa hollywoodense, Alejandro logra derrotar al capitán Love a la vez que De la Vega hace lo propio con Montero (mueren ambos en el combate). Elena se entera de la verdad y se casa con Alejandro, quien hereda todas las posesiones de la familia De la Vega así como el apellido. Tienen un hijo quien, como detalle final, da cuenta de una unión Murrieta-Zorro mucho menos accidental: Joaquín De la Vega. Joaquín es descendiente de ambos: nieto de Diego De la Vega y sobrino de Joaquín Murrieta, y representa la necesidad de mantener viva la influencia de Joaquín Murrieta y su pensamiento en el Zorro y sus descendientes. Campbell se hace consciente de la construcción del Zorro hecha por McCulley, y ofrece una salida interesante que combina perfectamente con el relato original e incluso, mutatis mutandis, con el relato histórico del Robin Hood de El Dorado. Para lograr la coherencia en el árbol genealógico del personaje, el argumento de la película está basado tanto en la obra de McCulley como en productos subsecuentes como The treasure of Don Diego (1998) y The Secret Swordsman (1999) de William McCay, y Don Q, son of Zorro (1925),  película secuela de The mark of Zorro (1920), la primera adaptación cinematográfica del héroe.

A pesar de todo, Campbell tuvo que servirse de ciertas incorrecciones históricas: en primer lugar, en las primeras escenas de la película ambientadas en 1821, aparecen como niños los dos hermanos Murrieta, ayudando al Zorro en una de sus gestas, mientras que los documentos históricos nos dicen que Joaquín, el mayor de los hermanos, nace en 1829. El año “real” de la captura de Diego De la Vega dentro de la cronología del Zorro sería 1835. En segundo lugar, toma a Alejandro Murrieta como el nuevo Zorro, es decir, le mantiene vivo como personaje de la trama, cuando fue la muerte de éste una de las razones para que Joaquín Murrieta se convirtiera en el Robin Hood de El Dorado.

De acuerdo con Mattew Baugh en su texto The Zorro Chronology, y el libro de Sandra Curtis Zorro unmasked: The Authorized History (1998), Diego De la Vega tuvo un matrimonio anterior al de Esperanza, del que en 1811 nació César De la Vega, quién encarnará a Don Q, un héroe similar al Zorro pero que no porta la máscara (película Don Q, son of Zorro, 1925). Diego alcanza a entrenar a su hijo César para ser el nuevo Zorro y luego le envía a España, donde en 1835 recibe la noticia de la muerte de sus padres y decide no regresar a California. Allá contraerá matrimonio y tendrá dos hijos: Manuel De la Vega y Ramón De la Vega. A una muy avanzada edad, Ramón De la Vega tendrá un hijo llamado James Vega, quién siendo un bebé será regresado a la hacienda De la Vega en 1910, casi un siglo después del viaje de su abuelo, como el último descendiente vivo de la dinastía De la Vega (serie Zorro rides again, 1937).

En lo que respecta a Joaquín De la Vega, para luchar con el estigma español al crecer en tierras ya norteamericanas, cambia su nombre a Ken Mason. No obstante, esto no impide que vista la máscara y continúe con su legado como el Zorro (serie The Ghost of Zorro, 1949). Alejandro Murrieta/De la Vega y Elena De la Vega también tuvieron una hija llamada Isabella, quien al igual que su hermano mayor cambiará su apellido a Mason primero, y a Meredith después, al contraer nupcias con un hombre llamado Scott Meredith. Producto de este matrimonio nacerán en 1870 Barbara Meredith y en 1871 Randolph Meredith; ellos portarán la máscara bajo el nombre de The Whip, El Látigo, (serie Zorro’s Black Whip, 1944). La aparición de El Látigo dentro de la cronología se da cerca de 1889, cuando Barbara tiene 19 años. Luego de que los hermanos Meredith cuelguen sus respectivas máscaras, no volveremos a ver un Zorro hasta que James Vega tome la máscara en 1935, a sus 25 años, constituyéndose como el primer y último Zorro del siglo XX.

“—Se rumora en el pueblo —dijo—, que el Zorro anda suelto otra vez. Sus palabras tuvieron un efecto al mismo tiempo inesperado y terrible.” (McCulley, 1919).

Ignacio Garnica (@_nachodeloyola)

Colombia

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