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«Hay almas a las que uno tiene ganas de asomarse,
como una ventana llena de sol»

Se quedaba sola Granada.
Y ella sin saberlo abrazaba dos farolillos de barniz y estupefacientes.

El césped consumía con nosotros historias de dedos muertos y yonkis que sudan café,
mientras las risotadas nos conducían hacia el oscuro túnel de orines donde aquella Erasmus nunca supo que gracias a su muerte se conocerían dos almas envolventes.

Se quedaba sola Granada.
Y entre humo verde y viento salado, nosotros abríamos un libro de Espronceda que acabó bañando la sábana de licor de carne.
Porque la carne se hizo explícita junto a la amistad. Y la amistad se hizo fuerte junto al humor.

Se quedaba sola Granada.
Y quien excavaba el túnel bajo la arena decidió hundir su cuerpo en la capital,
buscando la fuerza oculta del verso, o del drama, que se revuelve ante el sistema y que hace a sus habitantes concentrarse.

Se quedaba sola Granada.
Sin la grieta que separa la luz de la mediocridad. Sin los ojos grandes, sonámbulos, que siempre la han mirado entre el deseo y la arcada.

Se quedaba sola Granada.
Sin ti, y esperándote, ya de visita,
ya desganada, con un libro abierto y un cigarro consumido,

Los cantos falsos de las palomas de Trinidad andan suplicando que traigas
algo nuevo para sobrevivir.

(En López Mezquita hay ecos del cáncer del niño y la gitana muerta, que nos van susurrado a todos que nos tiremos por la ventana)

 

Alba María Jiménez
(España)
Participante
Convocatoria Permanente

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